Mostrando entradas con la etiqueta Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dios. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de agosto de 2010

¿Dios por qué a mí?

Esta es una historia verídica que tuvo como protagonista Arthur Ashe, un gran tenista afroamericano nacido en 1943, en Virginia, Estados Unidos.

Ashe se convirtió en una leyenda del tenis profesional: en 1963 fue el primer jugador afroamericano en formar parte de un equipo estadounidense de Copa Davis; en 1968 ganó el Abierto de los Estados Unidos, su primer Grand Slam, y llevó al equipo de los Estados Unidos a consagrarse campeón de Copa Davis; en 1970 obtuvo su segundo Grand Slam, al ganar el Abierto de Australia; y en 1975 ganó el título en Wimbledon.

Además de estos y otros éxitos en el tenis, Arthur Ashe fue un gran luchador contra las políticas del apartheid en Sudáfrica, debido a que en 1969 le fue denegada una visa de parte del gobierno sudafricano por ser negro.

Pero su prueba más dura todavía estaba por venir.

En 1988 se le diagnosticó sida (VIH), que contrajo por unas transfusiones de sangre a raíz de una operación de corazón abierto que se le realizó unos años antes.

Como era una importante figura pública del deporte norteamericano, recibió enormes cantidades de cartas de todos los rincones de su país. En una de las misivas uno de sus fans le dijo:

- ¿Por qué Dios tuvo que seleccionarte a ti para tan fea enfermedad?

Arthur Ashe respondió así:

- En el mundo hay 50 millones de niños que comienzan a jugar al tenis, 5 millones aprenden a jugarlo, 500.000 alcanzas un nivel profesional, 50.000 entran al circuito profesional, 5.000 logran jugar en torneos importantes, 50 llegan a Wimbledon, 4 a las semifinales y 2 a la final. Cuando yo estaba levantando la copa nunca pregunté: ¿Dios, por qué a mí? Y hoy con mi enfermedad y mi dolor tampoco preguntaré ¿Dios, por qué a mí?
¿Por qué nos acordamos de Dios sólo en los malos momentos?
¿Por qué culpamos a Dios de nuestras desgracias?


¿Por qué cuando nos va bien, el mérito es nuestro y no de Dios?


¿Por qué cuando la muerte se acerca lo vemos como un castigo de Dios?


¿Por qué las cosas malas no deberían ocurrirnos a nosotros sino a los demás?






Solo con la fe y el acercamiento a Dios encontrarás las respuestas correctas


.

jueves, 29 de julio de 2010

No hacen falta pruebas de que Dios existe

En cierta ocasión un afamado astronauta se encontró con el prestigio médico que tiempo atrás lo había operado. En el transcurso de la conversación el astronauta afirmó:

- Estoy convencido de que Dios no existe.

- ¿Porqué? ¿Cómo es eso? – preguntó el médico.

- Viajé varias veces por el espacio, viví seis meses en la estación espacial, pasé horas enteras escudriñando el espacio, pero jamás vi a Dios.

El médico se quedó pensando unos segundos y repuso:

- Pues sabes que los pensamientos tampoco existen

- ¿Cómo?

- Pues bien, sabes que soy neurocirujano. He abierto y operado cientos de cerebros, inclusive el tuyo, y por más que he buscado, jamás llegué a ver o a tocar un pensamiento.

- Pero es que un pensamiento no es algo tangible, no es algo que se pueda ver y tocar a placer – replicó el astronauta – Los pensamientos existen, sin necesidad de que tengas pruebas físicas en tus manos.

- ¿Y que te ha hecho pensar que con Dios es diferente? ¿Y porqué quieres ver y tocar a Dios para convencerte que existe?

miércoles, 21 de julio de 2010

Dios siempre está presente

En cierto pueblo vivía Pedro, un hombre que creía fervientemente en Dios.

Un día empezó a llover y al ver que se aproximaba una fuerte inundación, todos los lugareños decidieron abandonar el lugar y ponerse a buen resguardo. Cuando pasaron por casa de Pedro, éste les dijo que se quedaba ya que “Dios lo iba a salvar”. No hubo manera de convencerlo, Pedro se quedó y todos los demás se fueron.

Transcurrieron las horas y el nivel del agua subió más de metro y medio. En eso pasó por casa de Pedro un hombre en su pequeño bote. Le ofreció un espacio para que se subiera, pero Pedro se negó nuevamente ya que “Dios lo iba a salvar”. Sin entender la actitud de Pedro, el hombre siguió navegando en búsqueda de otros a quienes ayudar.

Seguía lloviendo a cántaros y pronto el agua obligó a Pedro a subir sobre el tejado de su vivienda. En eso llegó un helicóptero de rescate que sobrevolaba la zona. Una vez más Pedro se negó a partir ya que “Dios lo iba a salvar”.

Pero la fuerza de la naturaleza fue implacable, destruyó la casa y se llevó consigo la vida de Pedro.

Como era un buen hombre, el alma de Pedro subió al cielo donde se encontró con Dios. Al verle, Pedro le preguntó entristecido:

- Toda mi vida creí en ti y seguí la senda del bien. Fervientemente estaba convencido que me ibas a salvar, pero no fue así. Ahora yo estoy aquí, mientras que mis seres queridos lloran mi muerte. ¿Por qué no me salvaste de aquella tragedia?

Con mucha dulzura, Dios le respondió:

- Hijo mío, claro que traté de salvarte: envié primero a tus vecinos, luego a un buen hombre con su bote y finalmente a un helicóptero de rescate, sin embargo en cada ocasión tú te negaste a recibir la ayuda.