Mostrando entradas con la etiqueta ayuda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ayuda. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de julio de 2010

Ayudar no es hacer todo el trabajo del otro

En el amplio patio de juego de un colegio, un joven que estaba en silla de ruedas quiso hacer una maniobra algo arriesgada y terminó en el suelo, a un lado de su silla. Rápidamente trató de reincorporarse haciendo fuerza con sus brazos y apoyándose la silla. Pero el freno de las ruedas no estaba puesto por lo que la silla empezó a moverse oscilando de adelante hacia atrás y viceversa, hasta que se súbitamente se volteó.

Mientras esto ocurría se acercaba apresuradamente al joven un maestro que desde el otro lado del patio había presenciado lo ocurrido. Cuando el maestro llegó, se percató que el joven no se había lesionado gravemente

- ¿Estás bien? – preguntó el maestro.

- Si – respondió el joven.

Pero al ver que el maestro se quedaba a su lado sin hacer nada, el joven extendió los brazos y le dijo:

- Ayúdeme, por favor.

- No, jovencito, usted puede hacerlo solo.

El joven protestó, lloriqueó, pataleó, amenazó, utilizó todos los recursos emocionales y de chantaje que a lo largo de los años había aprendido para manipular a sus padres y amigos. Pero nada de eso funcionó. El maestro seguía a su lado sin ayudarlo y sin dejar que sus compañeros se acercasen a él. Finalmente, viendo que no tenía más opciones, continuó con su intento de pararse por su propia cuenta. Primero enderezó la silla haciendo un increíble juego de palancas con sus brazos y dos tubos del artefacto. Luego, recordando lo ocurrido minutos atrás, aseguró los frenos de ambas ruedas para que la silla no se volviera a mover. Finalmente y tras un increíble esfuerzo se sentó en el suelo, con las manos agarrando firmemente de los apoyabrazos alzó su cuerpo al la par que iba contorsionando su tronco para enderezar el cuerpo y terminar sentado en la posición correcta. Mientras acomodaba sus piernas en los apoya pie de la silla, miró con rabia al maestro, increpándole:

- Usted no es bueno, no me ha ayudado.

Soltó los frenos y empezó a retirarse. El maestro se quedó en el lugar viendo cómo se alejaba poco a poco, mientras que sus compañeros empezaron a rodearlo y aplaudirle. De repente el joven se detuvo, se volteó y le dijo al maestro con una lágrima corriendo por su mejilla:

- Gracias, sin su ayuda no lo hubiera podido hacer solo.

miércoles, 21 de julio de 2010

Dios siempre está presente

En cierto pueblo vivía Pedro, un hombre que creía fervientemente en Dios.

Un día empezó a llover y al ver que se aproximaba una fuerte inundación, todos los lugareños decidieron abandonar el lugar y ponerse a buen resguardo. Cuando pasaron por casa de Pedro, éste les dijo que se quedaba ya que “Dios lo iba a salvar”. No hubo manera de convencerlo, Pedro se quedó y todos los demás se fueron.

Transcurrieron las horas y el nivel del agua subió más de metro y medio. En eso pasó por casa de Pedro un hombre en su pequeño bote. Le ofreció un espacio para que se subiera, pero Pedro se negó nuevamente ya que “Dios lo iba a salvar”. Sin entender la actitud de Pedro, el hombre siguió navegando en búsqueda de otros a quienes ayudar.

Seguía lloviendo a cántaros y pronto el agua obligó a Pedro a subir sobre el tejado de su vivienda. En eso llegó un helicóptero de rescate que sobrevolaba la zona. Una vez más Pedro se negó a partir ya que “Dios lo iba a salvar”.

Pero la fuerza de la naturaleza fue implacable, destruyó la casa y se llevó consigo la vida de Pedro.

Como era un buen hombre, el alma de Pedro subió al cielo donde se encontró con Dios. Al verle, Pedro le preguntó entristecido:

- Toda mi vida creí en ti y seguí la senda del bien. Fervientemente estaba convencido que me ibas a salvar, pero no fue así. Ahora yo estoy aquí, mientras que mis seres queridos lloran mi muerte. ¿Por qué no me salvaste de aquella tragedia?

Con mucha dulzura, Dios le respondió:

- Hijo mío, claro que traté de salvarte: envié primero a tus vecinos, luego a un buen hombre con su bote y finalmente a un helicóptero de rescate, sin embargo en cada ocasión tú te negaste a recibir la ayuda.