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martes, 14 de diciembre de 2010

El maestro y el alacrán

Por el sendero de un hermoso bosque, el viejo maestro caminaba en silencio junto a su joven discípulo. Al llegar a un riachuelo, divisaron cerca de la orilla a un escorpión que había caído al agua y luchaba por su vida. El maestro se acercó, alargó su brazo y tomó el animal para sacarlo del agua, pero de inmediato el escorpión lo picó. El dolor fue grande y al sacudir la mano, el maestro dejó caer al escorpión al agua.

Sin pensarlo dos veces, el maestro se volvió sumergir su mano en el agua para salvar al alacrán, pero una vez más el alacrán lo picó y luego cayó al riachuelo. Tras frotarse la segunda herida, el maestro se agachó nuevamente, pero justo antes de introducir su mano en el agua, su discípulo lo detuvo tomándolo por el hombro.

- ¡Pero maestro, no vuelva a agarrar al alacrán, lo va a picar otra vez!, además, ¿cuál es su empeño en salvar a ese animal tan malvado?

- Querido amigo – respondió el maestro con voz calmada – El alacrán me ha picado porque eso está en su naturaleza. Sin importar cuales sean las circunstancias, su instinto será siempre el de defenderse picando a cualquier otro animal que se le acerque. En cambio, yo estoy llamado a amar a la naturaleza, por lo tanto a tratar de salvarlo, porque eso está en mi naturaleza. Muy mal haría yo en dejarme influenciar por su naturaleza, dejando la mía de lado; en renunciar a hacer el bien solamente porque a otro no le gusta o no está de acuerdo; en comportarme de maneras distintas según las circunstancias en lugar de ser siempre auténtico.

El maestro volvió a agacharse, tomó una hoja que pasaba flotando y con ella levantó por tercera vez al alacrán para salvarle la vida.

Esta enseñanza no se refiere solamente a grandes y heroicos actos como salvar o no la vida de otros, sino también a simples y cotidianas actitudes ¿Cuántas veces dejamos que el comportamiento negativo o inapropiado de quien tenemos en frente dicte nuestra manera de ser? ¿Cuántas veces dejamos de saludar a un vecino, a un conserje, a un compañero de trabajo, al cajero del banco o del automercado por el simple hecho que esa persona habitualmente no devuelve los saludos? ¿Cuántas veces no sonreímos a quienes se cruzan por nuestro camino por miedo a no ser correspondidos? ¿Cuántas veces…tantas cosas...?

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lunes, 9 de agosto de 2010

Personas buenas o personas malas

Respondiendo a una solicitud de empleo aparecida en la prensa local, un joven llegó al enorme edificio y le preguntó a la recepcionista:

- ¿Cómo son las personas que trabajan aquí?

- ¿Cómo eran las personas en su trabajo anterior? – preguntó la recepcionista antes de contestar.

- Pues el ambiente era realmente pésimo. Los jefes eran mal encarados y abusaban de nosotros, nos mandaban a hacer las cosas y ni nos daban las gracias. Mis compañeros eran desconsiderados y las rivalidades surgían por doquier. Uno no contaba con la ayuda de nadie ya que no existía compañerismo alguno. Era difícil tener amigos en ese lugar. No me gustaba, por eso me fui.

- ¿Y dónde trabajaba Usted?

- En Electrónica C.A.

- Pues aquí las personas son exactamente iguales a las que usted me acaba de describir.

El joven sin pensarlo mucho, dio media vuelta y salió del edificio. Poco después entró otra persona que también le preguntó a la recepcionista con una sonrisa en los labios:

- Por favor señorita, podría usted decirme ¿Cómo son las personas que trabajan aquí?

- ¿Cómo eran las personas en su trabajo anterior? – volvió a repreguntar la recepcionista.

- Le diré que eran maravillosas: los supervisores nos motivaban constantemente a hacer las cosas de la mejor manera, nos apoyaban, nos guiaban y siempre se mostraban agradecidas por los logros obtenidos. El trato era siempre muy cordial. Mis compañeros se convirtieron en verdaderos amigos, en quienes podía apoyarme y confiar con los ojos cerrados. Trabajábamos como un verdadero equipo donde no existían rivalidades. No quería dejar el trabajo, la empresa se está mudando de estado y yo no puedo irme, por lo que estoy buscando un nuevo empleo.

- ¿Y dónde trabajaba Usted?

- En Electrónica C.A.

- Pues aquí las personas son exactamente iguales a las que usted me acaba de describir - contestó finalmente la recepcionista con una bella sonrisa en el rostro.

Trabajaban en el mismo lugar, entonces ¿Cuál de los dos tiene la razón? ¿Cuál de los dos dice la verdad? Pues con toda seguridad ambos tienen la razón y ambos dicen la verdad. Las personas que nos rodean no son tajantemente buenas o malas. Cada una tiene sus virtudes y sus defectos. El problema es cómo las queremos percibimos: si buscamos y destacamos sus aspectos negativos, las personas reaccionarán a la defensiva, por lo que instintivamente la relación se tornará áspera y desagradable. En cambio si buscamos siempre el lado positivo de las personas, con toda seguridad ellas nos entregarán lo mejor de sí.

Recuerda, no es un problema, es una decisión:
Si sonríes, te devolverán sonrisas.
Si gruñes, recibirás gruñidos.

miércoles, 28 de julio de 2010

Los dos lobos dentro de tí ¿A cual alimentas?

Dejando su pipa a un lado, el viejo indio levantó la mirada y todos los niños de la tribu que estaban sentados a su lado guardaron silencio. Como tantas otras noches, estaban a la expectativa de que el anciano les brindara uno de los cuentos con los que solía transmitir la sabiduría que su tribu había atesorado desde hacía cientos de años.

Solo se escuchaba el rumor de la suave brisa y los sonidos que producían las llamas de la pequeña fogata que los calentaba.

- ¿Saben? – comenzó diciendo -, dentro de cada uno de nosotros existen dos lobos. Uno de ellos es malo, está cargado de odio y rencor, quiere dominarnos por la fuerza, es vengativo, arrogante y violento. En cambio, el otro lobo es bueno, trae consigo la compasión y la serenidad, no quiere dominarnos sino que seamos reflexivos, es sabio, justo y amoroso. Constante estos dos lobos pelean dentro de nuestros corazones.

El indio hizo una pausa para darle una bocanada a su pipa, cuando uno de los niños rompió el silencio para preguntar:

- ¿Y cual de los dos lobos gana la pelea?

Con mucha dulzura el anciano miró al niño, respiró profundo y le dijo:

- En algunas personas, gana el bueno, pero en otras gana el malo. Todo depende de a cual lobo alimente cada quién.